"Cuando la cuerda no solo ata: acompaña, cuida y abre posibilidades"

Hay talleres donde se aprende una técnica, y hay experiencias donde, además de aprender, algo se acomoda por dentro. Este Workshop de Shibari fue de esos espacios donde la cuerda dejó de ser solo cuerda para convertirse en lenguaje, presencia, cuidado, juego, creatividad, placer, erotismo, confianza, contención y comunidad.

Para nosotras, ser parte del equipo de ponentes fue una experiencia profundamente bonita, rica y enriquecedora. Fuimos cuatro ponentes compartiendo desde distintos lugares de experiencia, técnica y sensibilidad, además de contar con la participación especial de Aine, quien nos regaló una atadura más avanzada y abrió una posibilidad hermosa para quienes ya tenían más camino recorrido.

Desde el inicio quisimos que el taller se sintiera claro, seguro y cuidado. Antes de hacer cualquier atadura, abrimos con una parte informativa muy importante: hablamos de dónde no atar, señales de alerta, medidas básicas de seguridad, el uso de tijeras, tipos de cuerda y sus características, diferencias entre bondage, shibari y kinbaku, y también de algo que a veces se olvida, pero cambia toda la experiencia: el ritmo, la velocidad, la intensidad, la cercanía, la vibración y la intención con la que una persona ata o se deja atar.

Hicimos un primer scouting para conocer el nivel de experiencia de cada participante. Había personas nuevas, personas con curiosidad, personas con práctica y personas más avanzadas. Eso hizo que el espacio se volviera muy rico, porque mientras a lxs novatxs se les dieron bases rápidas y claras de nudos básicos para poder participar, a quienes ya tenían más experiencia se les ofrecieron variantes más complejas de esos mismos nudos para seguir explorando, profundizando y jugando con la técnica.

También se mostraron distintos tipos de cuerdas y se les dio oportunidad de probarlas, tocarlas, sentirlas y notar sus diferencias. Porque en una experiencia como esta, la cuerda no se entiende solo desde la vista: se entiende desde la textura, el peso, la fricción, la tensión, la manera en que corre por las manos y la sensación que deja en el cuerpo.

Y ahí empezó algo muy lindo: el taller dejó de sentirse como una clase donde alguien “enseña” y lxs demás solo repiten, y empezó a sentirse como una comunidad aprendiendo junta.

Cada integrante del equipo compartió una atadura desde su propia experiencia. Algunas fueron más básicas, otras más complejas, algunas pensadas para autobondage o selfbondage y otras para interactuar con alguien más. Pero en todas apareció algo esencial: no se trataba solo de lograr un nudo bonito, sino de entender qué se está comunicando con la cuerda, cómo se cuida el cuerpo, cómo se escucha a la otra persona y cómo se sostiene la experiencia.

Fue hermoso ver cómo lxs participantes se involucraron entre sí. Quienes entendían más rápido ayudaban a quienes estaban aprendiendo. Quienes tenían más experiencia acompañaban a lxs principiantes sin hacerlxs sentir menos. Quienes iban con miedo o duda poco a poco se animaban a probar. Y quienes ya conocían la técnica se permitieron jugar, decorar, complejizar y demostrar que, cuando hay seguridad y cuidado, la creatividad puede abrir caminos preciosos.

Sin importar el nivel con el que llegaron, todxs lograron hacer sus ataduras. Y eso fue muy poderoso.

También fue muy bonito ver cómo algunas personas descubrieron que el selfbondage no tenía que vivirse solo como una práctica técnica o estética, sino también como una forma de apapacho, autocuidado y contención. Uno de los comentarios que más nos tocó fue el de una persona con experiencia en shibari que compartió que nunca se le había ocurrido probar qué se sentía atarse a sí mismx, y que descubrirlo le resultó muy enriquecedor.

Otro comentario precioso fue el de quienes dijeron que jamás habían pensado el selfbondage como una manera de abrazarse, sostenerse o darse un momento de presencia con su propio cuerpo.

Eso nos parece profundamente valioso, porque muchas veces se piensa que el shibari se trata únicamente de atar por estética o por impacto visual. Y sí, puede ser hermoso, artístico, sensual y muy poderoso visualmente. Pero también puede ser intención, escucha, proceso, erotismo, confianza, paciencia, comunicación, cuidado y placer.

También hubo parejas que nunca habían jugado con cuerdas y se dieron cuenta de que no se trata solo de “hacer un amarre”, sino de todo lo que pasa mientras se construye: la cercanía, la atención, la respiración, la confianza, la forma en que una persona guía y la otra recibe, el acuerdo, el compañerismo, el cuidado y la emoción de descubrir algo nuevo juntxs.

Al terminar el atelier pasamos a un momento de juego libre, y ahí la comunidad se hizo todavía más visible. Personas que no se conocían empezaron a compartir, practicar, preguntar, proponer y acompañarse. Novatxs con conocedorxs, personas más avanzadas apoyando a quienes estaban iniciando, y también principiantes atreviéndose a experimentar con toda la emoción de estar descubriendo algo nuevo.

Se mezclaron equipos, historias, risas, concentración, creatividad, técnica, nervios, disfrute y muchas ganas de seguir probando. Fue muy enriquecedor ver la comunidad uniéndose: gente que ya se conocía, gente que se encontraba por primera vez, personas con experiencia compartiendo desde la generosidad y personas nuevas descubriendo que también podían participar, crear y disfrutar.

Después vino el reto final: crear, en equipos, la mejor atadura creativa usando lo aprendido durante el workshop. Y fue increíble ver lo que sucedió. La gente con más experiencia mostró técnica, habilidad y mucha imaginación; pero las personas nuevas o con menor experiencia también sorprendieron con pasión, esfuerzo, intuición, disfrute, ternura y una creatividad hermosa.

La decisión final fue muy difícil. Tanto, que hubo tres menciones honoríficas y dos equipos ganadores. Y eso habla de algo muy importante: en K!nk MX cada experiencia es distinta porque cada grupo la vuelve única.

Podemos repetir un taller, una dinámica o una práctica, pero nunca se vive igual. La convivencia, la participación, la energía del grupo, las historias personales, los miedos, los descubrimientos, la situación personal de cada quien y la manera en que cada persona se entrega al espacio hacen que cada encuentro tenga su propia magia.

Nosotras terminamos profundamente agradecidas. Gracias a todas las personas que asistieron por su confianza, por prestarse a vivir una experiencia tan única, por preguntar, por probar, por apoyar, por dejarse acompañar y por cuidar también a lxs demás. Gracias por abrirse a aprender desde su propio ritmo, por atreverse a experimentar, por apoyar a otrxs, por cuidar los límites, por escuchar, por dejarse sorprender y por sumar su energía a una experiencia que se sintió viva, cercana, humana y muy especial.

También agradecemos mucho a todo el equipo de ponentes y a Aine por compartir desde la experiencia, la generosidad y el cuidado. Fue muy enriquecedor ver cómo distintas formas de entender la cuerda podían convivir en un mismo espacio y aportar algo valioso. Cada mirada, cada explicación, cada atadura y cada forma de acompañar enriqueció la experiencia.

Esta experiencia nos dejó comentarios muy valiosos y memorables. Como en cada experiencia de K!nk MX, sin importar cuántas veces se repita un taller, la convivencia, la participación en comunidad y lo que cada persona trae consigo hacen que siempre sea diferente, siempre sea enriquecedor y siempre se aprenda algo nuevo sobre unx mismx, sobre lxs demás y sobre las prácticas.

Nos quedamos con quienes descubrieron el selfbondage como una forma de apapacho, autocuidado y contención. Con quienes nunca habían pensado en la cuerda como una manera de sostenerse a sí mismxs. Con quienes llegaron sin experiencia y salieron con una sonrisa enorme después de lograr sus primeras ataduras. Con quienes ya tenían camino recorrido y encontraron una nueva forma de sentir, mirar o practicar algo que creían conocer.

Nos quedamos también con las parejas que descubrieron que jugar con cuerdas no es solo atar porque se vea bonito, sino vivir el proceso: la intención, el erotismo, el placer, la confianza, el cuidado, el compañerismo y la comunicación que se construyen mientras la cuerda pasa por las manos y por el cuerpo.

Este Workshop de Shibari nos recordó que la cuerda puede ser técnica, sí, pero también puede ser vínculo. Puede ser estructura, pero también juego. Puede ser estética, pero también contención. Puede ser aprendizaje, pero también descubrimiento personal. Puede ser una forma de explorar el cuerpo, la confianza, el erotismo, el placer, la paciencia, la creatividad y el cuidado desde un lugar mucho más consciente.

Y, sobre todo, nos recordó que cuando hay seguridad, intención y comunidad, una cuerda puede convertirse en una invitación a confiar, crear, sentir y explorar.

Porque sí: la belleza de la técnica importa. La estética importa. Lograr una atadura hermosa también tiene su magia. Pero lo más importante siempre será cuidar la seguridad, escuchar el cuerpo, respetar los límites y sostener la experiencia con responsabilidad. Cuando eso está presente, la creatividad y la imaginación son el límite.

Nos vemos en las próximas experiencias,

Con enorme cariño y gratitud

 

Katisha & Jordan-a X’quisit

 

 

 

                                                                                                                                                 



  • Experiencias
  • Masterclass
  • Atelier